Tríplice


Un revólver en mi cabeza me cuestiona sobre la génesis de aquel amor. En el que quien responde con canciones, espera una confirmación. En el que él tiembla al vernos pasar, el mismo que por las noches me dice te amo y sus palabras se esfuman en el desvarío de mis días.


Sus ojos impregnados de lluvia prometen lo esquivo de la soledad. Toda hasta tus entrañas de fémina quiero poseer. Será esto la irrealidad de los sueños, lo vibrante, la pasión que rompe la cotidianeidad. Eres un sueño, eres carne y deseo sin control. En su mirada vi cómo el silencio se quebraba, sus pupilas sólo hablaban de amor. Esta noche viciosa siento sus caricias, dedos fantasmagóricos que mis suspiros desvanecen. Lo confieso, estoy subyugado al lunar trascendental de tu hombro.

Sigo la ruta de los estragos, tu estridente voz me hace volver. Puedo oírla a través de la oscuridad: ¿Quién es ese que te enamora a la distancia? No es amor, es pasado, mi presente es la música de los hombres desesperados.



Qué mujer tan extraña que vive de remembranzas. Las miradas, los murmullos me señalan. Pensamientos impúdicos llenan mi cabeza mientras él ignora los voceos de la multitud inescrupulosa. Ahora solo veo en tus ojos la distancia.

He hallado en ti una atractiva perturbación, una pasión insolente que mis muslos llaman. Eres arquitectura, estructura de la carnalidad. Un relámpago vibrante es testigo del sudor que los cuerpos derraman. La noche condensada en nuestros huesos agotados busca escapar de lo incomprensible de la soledad. No concibo más este pequeño secreto del que mi alma busca escabullirse. Hallo tu hermosura cada noche y aún camino solitario.

Ni el viento o las piedras sueñan con amor, por qué mi ánima no se vuelve inerte y me saca de este vórtice en el que estoy suspendida. La Luna susurra mis humillantes secretos, en las que soy prófuga movida por el instinto. Otra vez te pierdes como los amantes errantes.

Salgo al encuentro, enmascarada. Mi propia sombra me sentencia. Será su boca subterránea, sus ojos diferentes o sus indescifrables manos. Partícipe de mi infortunio, me recorre como el viento a través de un túnel. Mujer de vientre jubiloso no me dejes sin tu boca restringida.


La mañana proyectada en su rostro es indicio de mi deserción. Su silueta no se inmuta de mi evanescencia. Actriz protagónica de mi prolongada mentira procedo indecorosa. He sentido el calor de la noche primitiva. Un suspiro, una lágrima, un murmullo: Reapareces, mi inquieta compañera. No era el miedo, ni su sombra, no era más mi amor, tampoco aquel al que sorprendió mi retirada, fue la ensordecedora contestación del revólver.

DAY TRIPPER

La vio de espaldas, lo único que alcanzaba a divisar era su largo cabello que llegaba hasta la base de su lindo y redondo trasero. Ya la había visto antes pero no se atrevía a acercársele prefería tasar la situación antes de realizar la movida. La vio subirse al bus y empujado por un instinto sobrenatural fue tras ella. Se sentó un puesto atrás de su mujer soñada era el único que quedaba.

A lado suyo se encontraba una viejita con un aspecto sospechoso y un hedor particular. Luis la saludó con un movimiento de cabeza hizo caso omiso a su compañera olorosa, mientras soñaba despierto el encuentro con la muchacha misteriosa.

Un toque en el hombro y podrían hablar de las clases en la universidad, de los profesores, etc. Siempre la había visto en la Facultad pero no veía ninguna clase con ella, creía que podía ser de un ciclo inferior. Un ronquido estruendoso rompió su concentración, era la anciana a su lado, parecía tener algún tipo de monstruo mitológico metido; ningún ser humano podría emitir un sonido como ese.

Luego de un largo rato viendo como la anciana se retorcía y rechinaba haciendo sonidos extraños volvió a ver a su chica, pero esta ya no estaba. El bus paró y la anciana enseguida se levanta y le dice:

– Niño dónde se baja, de aquí el carro no avanza más.

Luis perturbado por la situación se baja en este lugar.

– Puedo ir con usted señora no se dónde estoy, ¡Tengo clases en la universidad!

La señora lo miró con cara de bicho raro y se alejó.

– Irónico –pensó Luis– ahora soy yo el raro­ –y empezó a caminar.

No había recorrido ni tres cuadras cuando un mansito se le acercó, se le llevó el celular y la billetera.

– ¡Qué diablos pasa! Hoy que empezaba clases y me encuentro con la chica que me gusta me viene a pasar esto.

Luego de caminar por un largo rato pasó un taxi, sin chistarlo lo llamó y se dirigió a su casa. No tenía nada de dinero por lo que tuvo que pedir los $8 a su madre quién de mala gana se los dio. Como siempre era un desconsiderado y todo era su culpa por andar pensando en la inmortalidad del cangrejo. Frase preferida de su madre cuando se refiere a todo lo que hace.

Al día siguiente se repitió la escena del bus pero esta vez no había vieja olorosa y se bajó en la parada correcta. Mientras entraba a la clase se percata de un largo cabello y un rostro familiar. ¡Era ella! No dudó en sentarse a su lado pero cada vez que intentaba hablarle el tipo de a lado lo hacía primero. Fue todo un suplicio, la tenía tan cerca que hasta olía su perfume y aun así no conseguía nada.

Ya malhumorado bajaba las escaleras cuando se le cae un cuaderno que llevaba en los brazos, al agacharse a recogerlo el idiota que venía tras de él no se da cuenta y lo empuja, haciéndolo rodar todas las escaleras hasta tropezar con unos pies. ¡Sus pies! Sus ojos saltones lo miraban con preocupación.

– ¿Estás bien? ­–e preguntó ella.
– Ehh… sii, ¡Sí! Fue solo una caída, estoy acostumbrado.
– Ah que bueno, soy Carla, tú estas en el curso conmigo estoy adelantando esa materia.
– Sí, en el curso… –Luis no podía emitir una sola frase con sentido, seguía tirado en suelo y ella lo miraba fijamente.
– ¿No quieres que te ayude a pararte?
– No, tranqui, si puedo solo – y de un solo golpe se puso de pie.

Luis no lo podía creer, su sueño estaba realizado, que más podía pedir. Sentía que podía morir tranquilo, tantas desgracias valieron la pena. En seguida le invitó algo de comer en el bar y le preguntó qué habían echo la clase anterior. Le comentó su suceso en el bus y ella se rió, no podía evitarlo. Poco a poco la parada del bus se convirtió en su punto de encuentro. Conversaban por mucho tiempo mientras esperaban el carro. A partir de este momento Luis nunca más perdió una parada, siempre tenía a Carla a su lado para despertarlo mientras soñaba despierto.

La cicatriz

Pensó que era la única forma de deshacerse de su esposa. No podía perdonarla después de lo que le hizo. A través de sus redondos lentes la vio, tan tranquila arreglando la casa. Lo hizo con un muggle ¡era imperdonable! No tenía escapatoria. Entonces alzó su varita y pronunció Avada Kedravra. Ella siempre sabía lo que pensaba, lo conocía demasiado bien. Momentos después yacía inerte en el suelo.

En un minuto

Manejaba tranquila y relajada, la luz del semáforo estaba por cambiar. Escuché un pito, luego sentí un golpe contra el auto. Abrí los ojos y vi un hombre con una larga barba blanca.

Adivina adivinador

Cuando se dispone de mucho tiempo para meditar, se puede llegar al punto de ponerse a pensar cosas realmente extrañas como: porqué hay un hueco en el techo de mi cuarto, en qué momento llegué a tener tantas cosas de tal forma que ya no encuentro nada o cómo puede ser que mi Ipod adivina mis estados de ánimo y llega a poner justo la canción o canciones que necesito escuchar. Este tipo de cosas sólo pueden suceder cuando son las tres o cuatro de la madrugada y no puedes hacer más que acostarte en la cama a meditar. Pero a lo que me quería referir es al aparente poder adivinatorio de mi Ipod.

Creo que la relación de más de tres años que tengo con este aparatito es lo que me lleva a pensar que realmente me conoce. Partiendo de esto me puse a cavilar, qué podría ser lo que estaba pasando. Mis previas conclusiones me llevaron a presentir que luego de tanto tiempo no sería algo extraño que mi Ipod tenga la capacidad de complacer mis preferencias musicales a través de una selección de canciones predispuestas para mi estado de ánimo. Pero es un objeto, ¿no?, preferí no comentarlo con nadie y simplemente probar mi teoría.

Los siguientes días a esta revelación ponía Aleatorio en las opciones de mi fiel amigo y esperaba para ver que me decía. Un buen Rock & Roll mientras manejaba, música movida mientras tomaba con mis amigos, música instrumental mientras conversaba con una amiga y no faltaba la música más corta-venas cuando terminé con mi novio. Los resultados fueron nada más y nada menos que lo que esperaba, quién se iba a imaginar que se podía establecer una relación tan profunda con un aparato electrónico.

Luego de muchas divagaciones acerca del asunto me di cuenta de que no es algo que debería preocuparme tanto. No puedo pedir más, es la relación perfecta no necesito decir una palabra que de cierta forma ya sabe lo que estoy pensando y no me recrimina nada sino que simplemente me escucha, así como yo lo escucho a el. Estamos conectados a un nivel mucho más espiritual que es el de la música. ¡Quién pensaría las ventajas que puede traer un ipod adivinador!

Sueños cocodrilescos

De pensamientos absurdos...
Cuando me desperté era un cocodrilo. Quería comer serpientes pero mi miedo no lo dejaba. Me puse triste porque no era como todos los cocodrilos, los cocodrilos no les tienen miedo a las serpientes, los cocodrilos se las comen. Le conté a un amigo mi tonto miedo y me dijo que la mejor forma de superarlo era enfrentándome a él. Y así lo hice. No fue un buen día, las serpientes huelen el miedo. Me acerqué a ellas y me atacaron me dejaron casi sin vida flotando en el pantano.

Luego me desperté y era yo. Al frente mió estaba el cocodrilo y no le tuve miedo. ¿Qué me podría hacer un cocodrilo miedoso? Este se acercó a mí y de un solo bocado me tragó. Me desperté dentro de un cocodrilo.

Involución

Sumergidos en la paz de la hipocresía,
nos fundimos como amantes necrófilos,
en el halo de la verde inmensidad.

Somos hijos de la líbido,
hombres de tiempo sin tiempo.
Las horas se acaban,
la muerte nos llama.

Nuestras sombras primitivas nos condenan,
ya no hay luz, no hay nada más.
los colores pierden sus matices,
son fruto de la oscuridad

Somos el polvo que nos ciega,
sólo un lamento lunar.

Ojos amarillos

Homenaje a Augusto Monterroso y su famoso dinosaurio.



Era una noche cálida, se escuchaba el viento rozar las copas de los árboles. Todavía no sabía dónde me encontraba ni cómo había llegado hasta aquí. Decidí buscar un lugar cómodo y seguro donde pasar la noche. Encontré con una cueva, parecía un buen lugar para descansar hasta la mañana siguiente. Entré, un tanto cuidadosa, y me recosté. Estaba quedándome dormida cuando sentí una ráfaga de viento unida a un fuerte rugido y vi a mi lado dos enormes ojos amarillos. Me paré y corrí, al tropezarme con una roca me di cuenta que el dinosaurio ya no estaba ahí; sólo estaba la colcha que me regaló mi abuela por Navidad.

En-tumbada

Recorro un desierto donde sólo veo tumbas
Están la tuya y la mía.

Tus labios de nube me abrazaban.
Puedo verlos en el cielo
enredándose con las copas de los árboles.

Extraño aquel silencio donde nos amábamos,
ahora sólo tengo sueños truncados,
y un paisaje inexistente.

No me acerco a la luz, sino a la oscuridad.
Quiero llegar a ti,
todavía no dejo de respirar.

Estado de SHOCK

Realizo mi descenso al mundo de los sueños.
No soy más que un pasajero,
un errante, buscando repudiar mi dolor.

Oigo la música de las almas exasperadas
en un canto de rock quebrantado.
Oigo sus voces, sus llantos,
Dibujando muecas y sonrisas de dolor.

¿Por qué me seduce tan extrañamente?
Esta multitud ondulante y nocturna,
Es esa esencia de remembranzas olvidadas,
de sombras lejanas que sofocan mi dolor.

Un golpe… Otro más.
Y un corrientazo me devuelve a la realidad.

Horizonte infinito



Era un hermoso día, se podía sentir en el viento, un aroma agua salada que rozaba el rostro. El sol reflejaba sus brillantes rayos sobre las claras aguas del mar, el bote estaba listo y la familia ansiosa por partir, este era el viaje que Carla tanto esperaba. Como era costumbre todos los años viajaban a las islas de Caribe, este año ya no era tan pequeña para ir. El capitán anunció que estaba todo listo para zarpar sin pensarlo dos veces Carla corrió al bote, emocionada, esperando un viaje lleno de aventuras, así como las de los libros.

Las primeras noches no fueron para nada emocionantes, no había mucho que hacer dentro del bote y el paisaje era monótono, pero a Carla esto no le importaba, se distraía escuchando las aventuras de capitán, en el día contemplaba el verdoso mar y por las noches el negro cielo despejado el cual no mostraba más que una hermosa luna y las brillantes estrellas. Le encantaba contar estrellas, sabía que nunca podría terminar pero igual lo hacía. Siempre atenta ante cualquier novedad, soñaba despierta con piratas que vendrían a atacarla y junto a su padre pelearían contra ellos para poder apoderarse de sus tesoros. Esta era la única forma de pasar el tiempo.

Cuando ya había anochecido, la familia se encontraba reunida jugando cartas, fue en ese momento que el capitán anunció que una tormenta se acercaba, todos se refugiaron para estar a salvo. La espesa niebla no permitía divisar el rumbo que seguían, de un momento a otro se sintió un fuerte golpe y la niebla que los rodeaba desapareció descubriendo un enorme témpano de hielo.

-¿A dónde estamos? Es imposible toparnos con un témpano de hielo en medio de un clima cálido.

Mientras trataba de entender el extraño fenómeno el capitán se dio cuenta que se había roto el casco de la embarcación y el agua entraba aprisa amenizándolos con hundir el bote. Estaba cogiendo boyas y bajando el bote salvavidas cuando de un momento a otro una inmensa ola los embistió lanzando a todos al agua. Poco a poco se fueron separando el uno del otro por la fuerte corriente.

Horas después Carla se despertó, cansada y todavía algo húmeda. Se encontrándose en una pequeña cabaña, sin saber que pasaba salió y se encontró con su familia, los que estaban igual de desorientados, nadie se podía explicar lo sucedido.

- Mamá, cómo he llegado aquí, pensé que no los iba a ver nunca más.
- No lo sabemos hija, todos aparecimos aquí.

Se encontraban en una cabaña muy sencilla el techo estaba cubierto con hojas de palma y dentro no había más que una especie de catre, que es dónde Carla amaneció. Se alegraron porque al parecer había más gente en la isla, solo debían buscarlas para poder regresar a casa. Así, llenos de expectativa, empezaron a caminar y se encontraron con un anciano que parecía ser un pescador. Este se les acercó y con una sonrisa les explicó:
- Mientras salió a pescar en la madrugada los encontró y los rescató.

Ninguno entendía cómo, ya que no recordaban nada pero no hicieron mas preguntas y le agradecieron. Luego de esto el anciano les brindó algo de comer.

Carla estaba muy inquieta, se alejó un poco de su familia para ir a investigar. Después de tanto caminar encontró una cascada de esta caía un agua cristalina, la más hermosa que había visto, al acercarse descubrió una cueva detrás de ella. Al entrar vio en las paredes una simbología inentendible, parecían relojes pero en vez de marcar la hora mostraba unos signos muy extraños. Carla salió corriendo en busca de sus padres y les contó lo que había visto, ellos no le hicieron caso, estaban discutiendo con el capitán como salir de la isla. Esa noche el pescador los llevó a donde se encontraba el resto de los habitantes de la isla. Ellos estuvieron muy atentos a sus necesidades y los ayudaron ofreciéndoles ropa y brindándoles más alimentos.

La mañana siguiente buscaron al anciano para que los ayude a salir de la isla pero este, de una manera muy extraña, solo les dijo que lo único que tenían en la isla para transportarse era su canoa y que carecía de medios para comunicarse con el exterior. El capitán frustrado salió en busca del bote hundido, había llegado hasta la orilla un equipo de buceo, su embarcación debería de estar cerca.

Varias horas pasó bajo el mar hasta que encontró un avión, le pareció esto muy curioso y decidió acercarse y ver si encontraba algo de utilidad. Todo estaba destruido, lo único que halló fue una brújula aparentemente dañada, permanecía dando vueltas sin apuntar a una dirección exacta.

Después de aquel fracaso regresó a la isla, la tensión aumentaba, los habitantes al enterarse de su desesperación por irse ya no actuaban de una manera cálida sino que los miraban como extraños. La tripulación muy preocupada temía por sus vidas, reunieron los materiales necesarios para fabricar una balsa y salir lo antes posible de la isla. Esa misma noche el anciano les dijo que por su propio bien no traten de salir de la isla. El capitán tomó esto como una amenaza y preocupado reunió a todos para partir en la madrugada mientras todos dormían.

Ya estaba amaneciendo, una niebla muy espesa cubría toda la isla, caminaron hasta donde no se encontraba la población. A lo lejos divisaron un enorme buque, llenos de felicidad empezaron a gritar y saltar haciendo señas pero el barco no parecía moverse, mientras más se acercaban se dieron cuenta que el buque estaba inmóvil y fue ahí cuando el capitán distinguió el nombre “Reliable”, un buque de carga que había desaparecido hace 20 años sin dejar rastro. Colocó ambas manos sobre su cara ya comprendía porqué los habitantes se comportaban de una manera tan extraña, y recordó la brújula que no apuntaba a ninguna dirección. Las palabras de su padre vinieron a su cabeza, “hay una parte del océano a la que no te debes acercar, es el Triángulo maldito”, nunca iban a salir de ahí.

Los blancos brutos


María, como de costumbre hacía sus labores, subía al cerro a buscar comida, mientras su esposo Juan araba la tierra junto al ganado. Todo era muy pacífico a esas horas y ella solo pensaba en regresar a casa a preparar el desayuno para sus pequeños. Absorta en sus pensamientos por un momento se inquietó sobre la seguridad de los niños, luego pensó “ya están grandes los muchachos ahí que se valgan por sí mismos, igual la comadre está cerca”. Mientras caminaba recordaba aquellos tiempos en que la vida era realmente difícil, ahora ellos tenían una vida regalada. Cuando era apenas una muchachita de 5 años su familia sufrió muchisísimo con la aparición de los blancos. Ellos sólo querían aprovecharse de las mujeres y mataban a los hombres buenos de su pueblo. Fueron tiempos bien jodidos, como decía la abuela. Ahora por fin estaban en paz, no fue fácil pero consiguieron liberarse de tremenda tortura.

El viento rozó el cabello largo y negro de la indígena, esto le hacía recordar aquellas noches junto a la fogata y las historias del abuelo de cómo acabaron con esos blancos malditos. Lo que querían eran esas piedras brillantes que no servían mas que para jugar, y esas rocas doradas que no tenían ninguna función útil, no servia para comer, o servia para abrigarse, eran desperdicios de la naturaleza, pero se veían muy bonitos como pendientes, pensó. En fin, eso era lo único que deseaban y mi abuelo se los dio. Lugo de tantas amenazas y muertes fingió rendirse, él nunca haría eso ¡blancos brutos! Les pidió realizar una reunión en una de sus cuevas favorita, les ofreció bebidas y comida para hastiarlos y todo sería en honor a los blancos, cómo si fueran dioses, je je je… esa noche los blancos celebraron hasta más no poder, y los nuestros como si aguantan una buena celebración estaban enteritos para cuando los otros ya no podían más.

Un poco antes de amanecer, un día como hoy hace algunos años atrás, mi abuelo junto a los suyos los dejó enterrados en esa cueva y no se supo más de los blancos, nunca más en la vida.

Uno chillido a lo lejos despertó la atención de María, eran sus pequeños que lloraban del hambre. ¡Cómo van a creer estos majaderos, que malcriados! Si supieran lo que es una vida difícil.

El doble


Atrayéndome frente a ti
me devuelves la mirada
Creo ver en tus ojos,
lo pasajero del día a día.
Falto de palabras
evocas mi memoria.

Sin importar que me reveles
te devuelvo la mirada
con una sonrisa fija
ya que sin mí,
eres solo un espacio vacío
carente de reflejo.

Ganar o morir




Era la mejor de su equipo, hasta ahora nadie la había podido vencer. Todos en la arena le temían. No era para menos, quién no se asustaría de ver a este monstruo de de metro ochenta acercarse hacia uno, algo muy curioso en una chica de 25 años de edad. Al ver el número 9 en su camiseta roja, acercarse a toda velocidad, sólo les quedaba rogar a sus contrincantes por rogar que sus patines funcionen como es debido.

Este era un deporte para salvajes, uno que otro golpe eran comunes, aterrizar en la pista y que te pasen por encima también, pero solo cuando Helga alias “la Demoledora” entraba en la arena era seguro que habría sangre. Cada vez que ella agarraba el balón el público gritaba pidiendo más, más violencia, más sangre, más puntos. Era todo un espectáculo ver como esta bestia se movía con tanta agilidad y tanta determinación, era imparable, una vuelta, dos vueltas a la pista y anotaba, tres puntos para “Los Guerreros”. No había mucha ciencia en eso sólo era cuestión de agarrar el balón, esquivar los obstáculos y encestar mientras diez personas buscan sacarte de la pista a punta de empujones.

Todo era gloria y respeto para “la Demoledora” tal y como siempre lo quiso, pero una nueva rival se presentaría ante ella en el próximo encentro, los rumores decían que era mejor que ella, pero Helga no lo creía.

Había llegado el día y se encontraban frente a frente, sus miradas se cruzaron un par de veces, “La Demoledora” no la consideró una amenaza en lo más mínimo. Comenzó la competencia, su rival tenía el balón, era su oportunidad para demostrar quien era la que mandaba en esa arena. Poco a poco se iba a acercando a ella, tenía que reconocerlo, ella era rápida pero sabía que la iba a alcanzar y así fue. Por fin le quitó el balón, el público enloqueció, Helga podía escuchar cómo vitoreaban su nombre. Definitivamente era la mejor de todas, pensaba mientras sentía como el viento corría por su cara. En ese momento un fuerte golpe la sacó de sus fantasías y sintió como si volara a través de toda la pista. Eso fue lo último que la legendaria “Demoledora” vio, o no vio. Su contrincante la había alcanzado, la había superado, ahora yacía inconciente a un lado de la arena, el público enmudeció, sólo así podía acabar su legado. Ya no vestía su uniforme rojo con el número nueve ahora una bolsa negra la cubría.

Un año bailando

Se enamoró de ella mientras bailaba, sus ojos verdes brillaban como dos luciérnagas en una noche oscura, sus labios eran de un color rojo encendido como cerezas jugosas. Ahora se encontraba anonadado con una carta en la mano y no podía creer lo que estaba sucediendo. Recordó aquella noche, cuando lo hechizó con sus encantos y simplemente quedó idiotizado al verla bailar.

Ya la había visto antes pero siempre se sintió avergonzado de acercársele, por dos meses no había echo nada mas que observarla, pero hoy todo eso iba a cambiar. Después de algunas bebidas anti-cobardía empezó a caminar hacia ella. Su cuerpo se sacudía de un lado a otro al mismo ritmo que su oscuro cabello que por momentos dejaba ver ese exquisito escote en su espalda. Su vestido rojo, tan rojo como sus labios, la hacía ver como una diosa que sobresalía entre la multitud. Todo parecía suceder en cámara lenta ¿Qué le iba a decir? ¿Cómo reaccionaría ella? Una serie de interrogantes cruzaba por su cabeza, pero ya estaba ahí, frente a ella. La miró por un rato y finalmente se atrevió a decir:

- Hola, ¿quieres bailar?
Ella lo miró con una sonrisa y enseguida le contestó -Por supuesto, pero antes dime tu nombre
- Soy Alejandro, cuál es el tuyo.
- Soy Erica. Vamos, bailemos esta canción me gusta mucho.

Durante horas bailaron, parecían conocerse desde hace años, por ratos se sentaban a conversar y a beber algo para seguir divirtiéndose. Fue una noche inolvidable. Al día siguiente Alejandro, algo ansioso la volvió a encontrar en el mismo bar, a la misma hora. La rutina era la igual cada fin de semana: él llegaba, se tomaba algunos tragos y la invitaba a bailar. Fue así por seis meses más hasta que ella accedió a encontrarse con él en otro lugar.

Al día siguiente fueron a cenar a un hermoso restaurante, al verla llegar Alejandro le dio un beso en la mejilla.

- Gracias por venir esta noche, te ves hermosa como siempre.
Por primera vez Erica se sonrojó, sus labios se tornaron de un color más rojizo que el de costumbre:
- No pensaba venir en realidad, no estoy acostumbrada a hacer este tipo de cosas. Me pareces un tipo interesante vale la pena hacer el intento
- Eres muy sincera y directa, realmente no me esperaba esta repuesta.
- No te preocupes- dijo mientras se reía- pero debes tener cuidado, no soy lo que parezco.
- Será un riesgo que estoy dispuesto a tomar.

Alejandro prefirió no comentar nada más al respecto. La velada fue tranquila y sin incidentes, cenaron conversaron y se rieron. Más tarde, al despedirse, Erica se acercó a Alejandro, lo besó y le lanzó un pícaro –Nos vemos- Luego sólo despareció entre la oscuridad de la noche mientras, Alejandro si saber qué hacer, se fue a su casa caminando. En ese momento se dio cuenta de que ésta era la mujer de su vida, lo hacía sentir como si flotara y era demasiado hermosa para ser cierto.


La relación marchaba de maravilla, cada fin de semana Alejandro la invitaba a bailar y Erica feliz aprovechaba cada instante como si fuera su último. Nunca se cansaba, bailaba y bailaba sin parar. En muchas ocasiones Alejandro estaba tan cansado que sólo se sentaba a beber mientras ella seguía sacudiéndose en la pista. Cuando Erica regresaba, Alejandro le decía -eres hermosa, lo mejor que tengo, quiero estar contigo por siempre- y ella le devolvía el cumplido con un beso y una mirada pícara con sus hermosos ojos verdes.

Cuatro meses más pasaron, las salidas y los bailes cada vez eran menos frecuentes. Alejandro prefería pasar con sus amigos, jugar cartas y beber. Erica era del tipo de personas que no se preocupaba mucho por lo que sucedía a su alrededor mientras ella se esté divirtiendo. Al ver la actitud de Alejandro decidió que lo mejor era hablar con él.

- Alejandro, creo que no es justo que tú te diviertas mientras que yo estoy aburrida
- Yo lo sé, pero no esperes que todos los fines de semana salgamos a bailar, no tiene nada de malo que pase con mis amigos también.
- Está bien, quédate con tus amigos, yo estaré bailando.
- No puedes quedarte por lo menos un día en casa, conmigo- Alejandro ya estaba algo alterado, pero sus palabras fueron en vano, Erica ya había salido dando un portazo.

Luego de algunas horas Alejandro se puso a pensar en lo sucedido, ésta era la mujer de sus sueños, no merecía eso de él, necesitaba darle lo mejor, y la fue a buscar. Al llegar al bar donde siempre estaba ella, entró, saludó a ciertas personas y se sentó en la barra para pedir un trago. El camarero se le acercó y le dijo:

- Estaba esperando que llegues, es sobre Erica
- ¿¡Le sucedió algo!?- preguntó Alejandro asustado- No la veo por ninguna parte
- ¡No hombre! Nada de eso, estuvo aquí un rato bailando y luego te dejó esto- Extendiéndole el brazo para entregarle una carta.

Alejandro salió del bar y se puso a leer la carta, esta decía:


“Querido Alejandro,
te escribo esta carta para decirte la verdad, mientras bailaba escuché la misma canción del día que nos conocimos y me di cuenta que no te podía engañar más. Sabía que era peligroso seguir tanto en esto pero no puedo caer en la monotonía. Ha sido divertido este tiempo junto a ti pero necesito seguir mi camino, ser libre y seguir bailando. Cuando recibas esta carta ya estaré muy lejos, no te molestes en buscarme. Traté de advertirte que era un riesgo estar a mi lado.
Sé que lo entenderás.
Besos.
Erica”



La carta al final tenía un beso hecho con labial rojo, un rojo tan intenso como el que solía usar Erica. Ahí se hallaba Alejandro, parado en la vereda no sabía que pensar, su amor se había marchado y no había nada más que hacer. No le quedaba nada más que el recuerdo de su amor y esa carta. No sabía nada de ella ni dónde podría encontrarla a excepción de ese bar.

Desvelada...




Fracción de tiempo

Escucho tus palabras pero estas se me escapan,
como los segundos del reloj frente mi cama.

Volverme a perder en tu mirada,
descifrando si todavía soy deseada.
Volverme a sentir libre entre tus manos,
mientras pregunto a tus caricias si me amas.

Noches de insomnio.
Tu aroma en mi almohada junto a
mariposas que mi interior abrazan
añorando cada respiro,
cada palabra.

¡Por fin! te tengo en mis brazos,
pero me doy cuenta que no eres más
que un frió espacio entre mis sábanas.

Experiencia inanimada

Estoy presente en casi todos los hogares, de diferente forma y tamaño. No todos hacen uso de mí, pero hay muchas personas que siempre están pendientes de adornarme. En numerosas ocasiones tengo hermosas flores que me acompañan, puedo asegurarte que se mucho más de flores que lo que parece ¡Oh, las margaritas, los girasoles y las rosas! Siempre dispuestas a hacerme compañía en mi soledad. Mis favoritas serán siempre las orquídeas, pero no les digan nada a las demás, son muy celosas. No es común que permanezca en el mismo sitio por mucho tiempo, suelen moverme dependiendo de la decoración que me rodea. Mi cuerpo no es más que concavidad de cristal por la que se refleja la luz y deja al descubierto las peladas piernas de mis olorosas amigas dentro de mí. Muchas veces siento como éstas se mecen con el viento y no me dejan dormir en paz y en otras ocasiones como el agua helada corre por mi cuerpo para que ellas se puedan alimentar. Todo siempre será para ellas, así como mi razón de existir son ellas. Es divertido recibir tanta atención, ¿será ésta verdaderamente para mí? Prefiero pensar que sí. Sin importar esto mis vistosas amigas me harán feliz, su aroma por las mañanas que me levanta, a veces dulce a veces algo ácido. No me importa mucho si los humanos no muestran interés por mí, y sólo por ellas. Ellas son hermosas y yo solo soy un simple recipiente que las contiene.

Poema dadaísta

Dos años de frente

General Gramos, ÉL cerca de 1.373
él Analizó Beber vida.
consumo realizó,
ataque benéfico.
Alcohol, cualquier menos varones
atribuirse copa corazón.
Conclusión:
cinco tinto,
cardiáco cinco,
consumo vino.

Fuera de mí

No se qué debo hacer,
sentada me encuentro pensando.
mi mente visita rincones prohibidos
sin poderla controlar.

Me traslado a mundos conocidos y extraños,
vuelo tan alto como ningún pájaro podría hacerlo
veo infinitos colores,
más de los que podría nombrar,
un aroma dulce me rodea y me relaja.
A lo lejos escucho una voz pronunciar mi nombre.
ante mí todo se desvanece
estoy a punto de conseguirlo,
soy papel en blanco.

Las experiencias nos construyen...

Estoy pensando en el recuerdo que más me ha marcado o que haya significado un cambio en mi vida y me vienen a la mente muchas cosas. Me acuerdo una época que mi tía vivió en mi casa, en mi cuarto específicamente, y peleábamos mucho, recuerdo cuando mi ñaño nació después de haber sido por tanto tiempo sólo mis padres y yo, o cuando acompañaba a mi papi a trabajar y en un viaje en helicóptero casi se cae por tomar una foto (y no se cómo es que no se cayó), me invaden recuerdos tristes como lo que fue perder a mi gatita después de estar 11 años juntos a ella y vivir su enfermedad hasta las últimas instancias. De cierta forma todo esto me ayudó a crecer como persona, en aprender a tener paciencia y compartir mi espacio o hasta de la fugacidad de la vida y lo que pasaría si alguien cercano a mí deja este mundo.

Pero no es eso sobre lo que quiero hablar, lo que quiero evocar fue un viaje a Vinces con mi familia, por motivo de un trabajo de mi papá. Debía realizar fotografías para un libro de Jenny Estrada titulado “El montubio”. Viajamos en carro, yo era muy pequeña y en el camino lo único que buscaba era ver animales, una vaca por ahí, un chancho o un burro. Cuando finalmente llegamos para poder llegar hasta la hacienda donde nos íbamos a quedar tuvimos que cruzar un río en una canoa. Yo me moría de los nervios sentía que esta se iba a volcar.

De repente mi papá para molestar a mi mami empieza a mecer la canoa. Podía sentir cómo el agua se entraba y me empapé las medias. Luego de esto empecé a llorar y mi papi por tranquilizarme ya que estábamos cerca de la orilla me dijo que nos metamos al río a bañarnos para que vea que no pasaba nada. Yo no quería pero a las finales accedí. El agua estaba helada y era media verdosa, tenía un olor medio extraño que no se fue de mi ropa por más que la lavaron. Un rato después salimos y nos dirigimos en caballos hacia la casa de los amigos de mi papá, donde dormiríamos.

Ya había anochecido. Luego de instalarnos, guardar la ropa, bañarnos estábamos listos para comer. Mi mamá me llamó y corriendo bajé las escaleras, mi mamá estaba asomada en la ventana del comedor, al mirar a través de esta vi la cosa más hermosa. En el patio se podían ver infinitas lucecitas verdes, era lo único que se podía ver dentro de lo negra que estaba la noche. Las lucecitas verdes luego me enteré que se llamaban luciérnagas.


Obviamente después de esto lo primero que quería hacer era coger una, con mi mamá y un frasco conseguimos agarrar una, era como una lamparita de noche pero verde. Durante toda la semana que pasé ahí no hubo nada más que me haya impresionado de esa forma. No encontré cosa más divertida que tipo 6 de la tarde salir a coger luciérnagas. Recuerdo claramente el sonido de los árboles con el pasar del tiempo, o ciertos ruidos extraños a los que nunca les hice caso, solo podía ver las lucecitas verdes y escuchar el sonido tan particular que tendían. Mi padres me tenían que entrar a las casa casi a la fuerza para que coma y luego para que duerma porque sin importar el frío o lo cansada que podía estar prefería quedarme cazando luciérnagas.

Antes de regresar a Guayaquil me regalaron un frasquito con un montón de luciérnagas, yo estaba feliz aunque no vivieron mucho tiempo.

Por qué este recuerdo significa tanto para mí, la respuesta no es complicada, simplemente que me trae muy buenos recuerdos de cuando viajaba con mi familia más seguido, este fue el último viaje que hicimos juntos. Luego de esto pasó mucho tiempo.

Espejismo

Luego de un largo descanso bajo la sombra de un árbol, me desperté, todavía muy cansada busqué entre mis cosas algo de comer pero no tenía nada, faltaban horas todavía hasta llegar el próximo pueblo y mi estómago me pedía a gritos o mejor dicho a retorcijones ser llenado. Me levanté con las pocas energías que me quedaban y empecé a caminar. A lo lejos un tanto borroso divisé algo, era un pequeño pueblito en realidad parecía como si no hubiera estado siempre ahí, pero al parecer fue la suerte del destino me llevó hasta este lugar.
El día era soleado, el césped verde brillaba como algún tipo de piedra preciosa, los colores de las flores eran muy encendidos llenos de vida, por lo que llamaban la atención dentro de este paisaje espectacular. Todo estaba muy tranquilo, se sentía en el aire una especie de serenidad. Seguí mi camino hasta llegar a una escena más increíble todavía. En todo el pueblo las casa estaban construidas exactamente igual cada una era una réplica exacta de la otra. Las casas eran chocitas, con techo de paja y el resto madera. Mientras recorría este lugar vi un pozo al que bellas mujeres iban con sus cántaros a recoger agua, mientras los esposos trabajan en el campo. Era como cualquier pueblito pero al mismo tiempo no era como ninguno; se sentía en él algo muy especial.
Apenas llegué al pueblo me atendieron muy bien, me sirvieron un vaso con una bebida exquisita, en seguida me buscaron un lugar donde pasar la noche. Yo me relajaba mientras observaba cómo se desarrollaban sus vidas en la cotidianidad. Varias veces niños se me acercaron a hacerme preguntas, a jugar conmigo y a llevarme a conocer sus diferentes aficiones. Conocí el lago donde pasaban la mayor parte de su tiempo jugando, en este había una cascada pequeña de la cual brotaba el agua completamente transparente, esta gente vivía en un verdadero paraíso, todo lo que los rodeaba parecía ser perfecto. El sol se estaba poniendo y decidí regresar con los pequeños al pueblo, estos eran cada vez más, me sorprendió mucho ver tantos niños de un momento a otro sólo empezaron a llegar más y más.

El camino de regreso fue muy sencillo, no muy lejos se veían antorchas prendidas, como para algún tipo de ritual. Lo primero que me cruzó por la cabeza fue que esta noche al parecer no iba a poder dormir bien. Con esto en la cabeza solo me quedó acercarme y ver de qué se trataba el acontecimiento, ya que parecía ser algo muy importante.
Con deseos sólo de dormir un poco, ya que había tenido un día muy ajetreado, pregunté a la señora que me acogió en su hogar cuál era el motivo de tanto alboroto. Ella me contó que era tradición cada vez que se aproximaba un nacimiento se debía hacer una ritual para celebrar la llegada al mundo del pequeño. Parecía algo muy lógico, este era un pueblo muy pequeño en el que todos se conocían porqué no unirse todos a celebrar el nacimiento del niño. Mientras bebíamos un café la señora continuó explicándome. El ritual consistía en el sacrificio de un animal del que luego la familia del recién nacido se hastiaría en la cena.

Al escuchar esto por un momento la sangre se me heló y sentí un escalofrío que corrió por tos mi espalda hasta la nuca. Me acababa de dar cuenta que durante todo el día no había visto ni el rastro de un solo animal en este lugar, y no sólo eso, hasta ahora de toda la comida que me ofrecieron ninguna era hecha a base de carnes. Como era de esperarse la curiosidad me mataba, por lo que seguí preguntando. Poco a poco fui descubriendo que se trataba de un ritual llamado “el Póhef”. La segunda taza de café se acababa mientras la amable señora me decía:
-El consumo de carnes era limitado, sólo para recibir a los recién nacidos. Este sacrificio se hace en honor a “Legere”, este no es nuestro dios, es un ente maligno que se robaría la inteligencia del niño si no le daban gusto.

Mientras la anciana me hablaba, a pesar de las dos tazas de café empecé a sentir mucho sueño, entre dormida y despierta escuché unas últimas palabras.

- La falta de vida animal en este lugar ocurre porque cada semana hay un nacimiento y conseguir carne es cada vez más difícil por lo que ya no comemos esta.

- Muchas gracias, es lago muy interesante -le dije- podría por favor indicarme dónde puedo asearme, estoy muy cansada y creo que ya debo ir a dormir.

Al salir de la cabaña todo el pueblo estaba muy alborotado, había gran conmoción porque los padres del niño próximo a nacer no encontraron ningún tipo de carne para hacer el sacrificio debido. Proseguí luego de mi baño a la cabaña donde dormiría, ya echada podía escuchar los comentarios de la gente que andaba todavía por ahí:

-No han podido conseguir lo necesario para el sacrificio, nada bueno puede salir de esto.

-Legere se enfadará, ahora su hijo nacerá tan tonto, que será la vergüenza de la familia.
Entre los murmullos de la gente me preparaba para ir a dormir, ya que por ser extranjera y no ser parte de la familia del niño, no se me permitía ver el ritual. Alrededor de las 8 de la noche mientras estaba ya acostada en la cama empecé a sentir un frío que me helaba hasta los huesos. Un viento extremadamente fuerte se llevó el techo de la choza donde estaba. Empecé a escuchar gritos y salí corriendo, los árboles volaban las personas trataban de refugiarse como podían. El recién nacido lloraba sin parar como si no hubiera mañana. Entre tanta confusión y desconcertada traté de correr y alcanzo a divisar un pedazo de madera gigante volador que se dirigía a mí traté de esquivarlo pero era demasiado tarde.
A la mañana siguiente me desperté porque me sentía un tanto incómoda y adolorida. Al abrir los ojos, mi sorpresa fue grande al darme cuenta que no quedaba nada a mi alrededor. Las chozas, las plantas, los árboles, nada estaba ahí, ni la gente; no había rastro alguno de vida en este lugar. Todavía desorientada me levanté y me encontraba bajo un árbol, el mismo que el día anterior me cobijó con su sombra. No comprendía que pasaba todo parecía tan real, ¿y el golpe? todavía sentía un dolor de cabeza tremendo.

Algo confundida y asustada retomé mi rumbo, mientras me alejaba de ese extraño lugar, escuché aquel ruido intenso de anoche, al darme la vuelta vi una figura que se desvanecía con la brisa, ¿será Legere que ahora viene por mí?, nuevamente un escalofrío recorrió mi cuerpo. Seguí mi camino sin mirar atrás, esperando nunca más volver a sentirme así.