El doble


Atrayéndome frente a ti
me devuelves la mirada
Creo ver en tus ojos,
lo pasajero del día a día.
Falto de palabras
evocas mi memoria.

Sin importar que me reveles
te devuelvo la mirada
con una sonrisa fija
ya que sin mí,
eres solo un espacio vacío
carente de reflejo.

Ganar o morir




Era la mejor de su equipo, hasta ahora nadie la había podido vencer. Todos en la arena le temían. No era para menos, quién no se asustaría de ver a este monstruo de de metro ochenta acercarse hacia uno, algo muy curioso en una chica de 25 años de edad. Al ver el número 9 en su camiseta roja, acercarse a toda velocidad, sólo les quedaba rogar a sus contrincantes por rogar que sus patines funcionen como es debido.

Este era un deporte para salvajes, uno que otro golpe eran comunes, aterrizar en la pista y que te pasen por encima también, pero solo cuando Helga alias “la Demoledora” entraba en la arena era seguro que habría sangre. Cada vez que ella agarraba el balón el público gritaba pidiendo más, más violencia, más sangre, más puntos. Era todo un espectáculo ver como esta bestia se movía con tanta agilidad y tanta determinación, era imparable, una vuelta, dos vueltas a la pista y anotaba, tres puntos para “Los Guerreros”. No había mucha ciencia en eso sólo era cuestión de agarrar el balón, esquivar los obstáculos y encestar mientras diez personas buscan sacarte de la pista a punta de empujones.

Todo era gloria y respeto para “la Demoledora” tal y como siempre lo quiso, pero una nueva rival se presentaría ante ella en el próximo encentro, los rumores decían que era mejor que ella, pero Helga no lo creía.

Había llegado el día y se encontraban frente a frente, sus miradas se cruzaron un par de veces, “La Demoledora” no la consideró una amenaza en lo más mínimo. Comenzó la competencia, su rival tenía el balón, era su oportunidad para demostrar quien era la que mandaba en esa arena. Poco a poco se iba a acercando a ella, tenía que reconocerlo, ella era rápida pero sabía que la iba a alcanzar y así fue. Por fin le quitó el balón, el público enloqueció, Helga podía escuchar cómo vitoreaban su nombre. Definitivamente era la mejor de todas, pensaba mientras sentía como el viento corría por su cara. En ese momento un fuerte golpe la sacó de sus fantasías y sintió como si volara a través de toda la pista. Eso fue lo último que la legendaria “Demoledora” vio, o no vio. Su contrincante la había alcanzado, la había superado, ahora yacía inconciente a un lado de la arena, el público enmudeció, sólo así podía acabar su legado. Ya no vestía su uniforme rojo con el número nueve ahora una bolsa negra la cubría.